Cuando el camino no tiene rumbo.

Camine muchas veces sin rumbo alguno, buscando no tropezar, tropecé y cambie de dirección, no veía nada y creo que me perdí, busque un mapa el cual no me dio ninguna dirección exacta, me senté un rato y respire fuerte, mire al cielo y ahí estaba ella grande, blanca  y redonda, le sonreí, me di cuenta que era momento de seguir mí camino, me levante di un paso después el otro, aun no sabía hacia donde me dirigía, pero seguí, hasta encontrar un lago repleto de sapos que cantaban  y eso me gustaba, así que los escuche por un rato hasta que sin darme cuenta me dormí, desperté con los rayos del sol en mi cara y frote mi ojos, ya es tarde me dije a mi misma, ya era tarde y creí que nunca iba a llegar, no me importo y bebí un poco del agua del lago y continúe con mi camino, una, dos, tres horas pasaron, hasta que por fin vi aquella montaña, alta, imponente ante mi, tenia que subirla y no me importo, subí, escale, trepe, me raspe, pero al final llegue ¿Cual es la recompensa por todo este camino? Mire a varios lados buscando a  alguien que  me respondiera, pero ahí estaba sola en la cima de aquella gran montaña que solo yo me había atrevido a escalar.

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